Este libro se enfoca en estudiar a la cultura parte de un
proceso colonizador enmarcado por la opresión de lo autóctono en países donde
la cultura europea se impuso a partir de la apropiación de la riqueza y el abuso a los nativos latinoamericanos,
africanos e indúes, por ejemplo. El mestizaje se contempla en este capítulo
como producto de la mezcla racial y como objeto de estudio para comprender la
falta de autoestima nacional en pos de una búsqueda de la adopción total de modelos
europeizados y en la era post-moderna, de nuevos modelos norteamericanos que se
refuerzan a través de los medios masivos y el mercado de consumo (con las
marcas establecidas y apreciadas en el país y en toda Latinoamérica).
Me parece acertada la propuesta de brindar una introducción
contemplando el marco histórico como base del estudio cultural y del por qué no
existen propuestas de cambio en el panorama actual de la gestión cultural:
nadie con poder o perteneciente a una élite desea una unión o reivindicación de
lo propio, porque la otredad está
ligada al status de un modelo que reafirma la existencia de un sistema de
castas idílico al que siempre aspiran pertenecer, en la cúspide de las
pirámides sociales. La marginación inglesa y la inventiva española crearon y
recrearon sistemas que nacieron en la Edad Media (en el mundo occidental) para
convertir la riqueza en base de las potencias mundiales actuales y dejando a
los países con ideas erróneas de ideales y sistemas de valores que amplían la brecha
entre los seres humanos.
Lo culto se volvió un concepto atado a las ideas de
conocimiento acerca de temas que sólo incluyen a aquello que ha sido aceptado e
institucionalizado, pero ése no es el problema real; el real meollo de este
asunto es que este sistema denigra cualquier manifestación cultural que siendo popular puede ser fusionada o incluida,
e identificar a una nación; por eso se emplean nociones caducas y no se busca
hacer públicas estrategias que resalten lo auténtico de manera creativa, en el campo artístico sobretodo. Los espacios
culturales son limitados y excluyentes, esa es una realidad palpable incluso en
nuestra ciudad y lo que este libro hace es un acercamiento teórico a todo lo
que se nos es tangible y a veces inverosímil en una sociedad en la que
deberíamos gozar de libre albedrío y oportunidades.
Creo que si es necesario discutir
sobre los hechos, pero orientar los
procesos culturales es imposible mientras se siga teniendo élites que sigan
alimentándose exclusivamente de
modelos extranjeros y que no busquen una equidad de difusión, pero más que
nada, la sociedad burguesa y la tan llamada clase media está encargada de no
segregar, ni de etiquetar, sino de aprovechar las oportunidades de conocimiento
académico para apreciar el mundo desde otra perspectiva y poner en práctica las
nociones de cultura, subcultura y para- cultura y otorgar nuevas oportunidades y eventos que
reivindiquen la posibilidad de mezclar manifestaciones de la cultura de élite
con aquellas de la cultura popular.
